Titulo esta entrada como mi paraiso tailandés porque así lo considero, y aunque esta playa no sea paradisíaca, de esas de azul cristalina que he visto en otros lugares, ni tenga la arena más fina jamás vista, no importa, tiene algo que otras no tienen, un cierto carácter auténtico y muy poco masificada, por no decir nada, vamos que en muchas de las playas de la isla he estado yo sola. En Ko Lanta, casi el 90 por ciento de los habitantes son musulmanes, por lo que las mezquitas y sus rezos se entremezclan con el ambiente relajado de la playa.
He pasado estos cuatro días de la manera
más relajada posible, llenándome de energía para la vuelta a la
"civilización" y reflexionando todo lo vivido en esta fascinante
experiencia. Me he dado largos paseos por la playa, llenado el estómago con
placeres casi prohibitivos en otros momentos del viaje (pescado fresco :)), he
realizado otro curso de buceo, el avanzado, que me permite bajar hasta 30
metros, observando nuevas formas marinas absolutamente increíbles, he pasado
horas en mi bungalow observando las estrellas y el precioso jardín que lo
rodea, he compartido todo un día con Gaby y unos amigos suyos de Madrid, y como
no podía terminar de otra manera el viaje, también aquí acabaron llevándome en
bici, jeje.
Y así, en mi trocito de paraiso, en donde
me he sentido muy agusto, pongo el
broche de oro a este viajazo... pero
para leer la despedida tendréis que esperar a la siguiente y última entrada.
Ahora toca coger un vuelo de Krabi a Bangkok, en Bangkok pasar 2 días más y ya coger el último vuelo que me llevará a...casa!
No veo que llegue el momento de tomar esa
tan ansiada... Caña bien tirada con una buena tapa de jamón ;)
Bea






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